Una Negociación con Buen Final

Personalmente, me llega a la mente una negociación que tuvo lugar cuando estaba como Gerente en una empresa. En esa oportunidad se presenta en mi oficina un empleado del área de servicios a bordo. Era muy bueno en lo que hacía, seguro de sí mismo y tal vez algo arrogante, aunque iba a cambiar mi concepto de él desde ese momento. Hacía dos años que estaba con nosotros y se lo tenía muy bien valorado. Me dijo que estaba estudiando para piloto comercial y que necesitaba un tiempo para poder tener horas de vuelo y estar más cerca de poder recibirse y llegar a lo que se proponía. Las normas de la compañía indicaban que si una persona se iba no podía ser repuesta en su puesto y que darle un tiempo sin goce de sueldo era un riesgo para nosotros aun cuando la legislación lo permitía. Le explique la situación y en forma calma comenzó a darme ideas de sus intereses. Quería un tiempo sin goce de sueldo pero luego volver para continuar trabajando y hacerse de unos ahorros para luego irse a probar suerte en el  complejo  y exigente mercado de la aviación.


Le dije que podía haber una solución si estaba dispuesto a confiar. Le explique los márgenes y los intereses de la empresa y le dije que podía renunciar y luego volver aun cuando la compañía no tenía entre sus beneficios esa opción, pero que podía conseguir esto dada la muy buena performance que tenía en su trabajo en momentos en que su actividad específica estaba en auge y muy valorada.

Carlos, tal es su nombre, no vacilo, dijo que sus intereses le inducían a pensar que no habría problemas para cerrar un trato en esos términos. Le especifique que se quedara tranquilo, que estaba bien valorado y que le veía un buen futuro en su etapa posterior a la que estaba en ese momento, fundamentalmente porque ponía pasión en lo que hacía y sabia que dependía de este trabajo para conseguir su objetivo profesional.

Carlos renunció, completó su entrenamiento y se reincorporó cuatro meses después, nosotros cumplimos la promesa de que continuara trabajando hasta tener el final de sus estudios e incorporar su propuesta a una aerolínea.

Continuó trabajando muy bien, creo que con más entusiasmo que antes y muy bien valorado porque lo pedían continuamente diversos clientes de viajes programados. Al final, se despidió agradecido cuando comenzó su nueva etapa y ya la final de sus estudios.

Me lo encontré un tiempo después en un avión en forma casual, nos saludamos muy bien, me presento al comandante de la nave y en lo poco que conversamos me agradeció que en esa negociación mostrara apertura y hubiera entendido sus intereses y conciliado con los de la empresa. También me comentó que estaba practicando para ser piloto de la aerolínea en la que viajaba. Le augure un buen futuro teniendo en cuenta la experiencia que había tenido en la empresa.

Me fui a mi asiento y me dije a mí mismo, que no me había equivocado con él y que era uno de esos momentos en que valoraba ampliamente que a través de una negociación se haya llegado a un buen final”.